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La Historia de Pedro Gil, de crecer entre karts en Lloret a proclamarse dos veces campeón del mundo

La historia de Pedro Gil Aguilar se entiende entre motores, circuitos, viajes y muchísimas horas encima de un kart. Lo que empezó prácticamente como un juego de infancia acabó convirtiéndose en una profesión y llevando al piloto hasta lo más alto de su disciplina, con dos campeonatos del mundo en su palmarés y una trayectoria internacional construida a base de talento, sacrificio y oportunidades que llegaron justo cuando los recursos económicos amenazaban con frenar su progresión. Ahora, después de años compitiendo al máximo nivel, Gil mira también hacia el futuro con un proyecto propio vinculado a Lloret de Mar, aunque antes de cambiar definitivamente el volante por las labores de entrenador todavía tiene una última gran espina clavada.

La relación de Pedro Gil con el automovilismo viene prácticamente de familia. Su padre, de origen suizo, llegó a Lloret de Mar cuando tenía ocho años y, con apenas 13 o 14, empezó a trabajar en el karting de la localidad. Con el tiempo también llegó a competir durante varios años a nivel nacional gracias al apoyo de Rafel Beltrán, una persona que acabaría teniendo igualmente un peso decisivo en la carrera de Pedro. El propio piloto no duda al hablar de su importancia:

Sin él, nada de esto hubiera sido posible, desde pequeño no había otra cosa que no fuera el karting. Para mí era una obsesión y cada tarde estaba aquí dando vueltas sin parar

Pedro Gil

Pedro creció literalmente rodeado de karts. Cuando terminaba las clases, buena parte de sus tardes tenían el mismo destino: el circuito. Allí acumulaba vueltas con los vehículos de alquiler una detrás de otra, hasta que aquella diversión infantil empezó a convertirse en algo bastante más serio, recuerda. Con tantas horas de pista a sus espaldas, no tardó en aparecer una oportunidad para demostrar si todo aquello podía trasladarse a la competición de verdad.

Fue nuevamente Beltrán quien le abrió la puerta para empezar a competir a nivel nacional. Y los resultados no tardaron demasiado en llegar. Gil consiguió campeonatos de España y de Cataluña y fue progresando hasta alcanzar la categoría júnior. Hasta ahí, el talento había hablado sobre el asfalto; el problema llegó cuando el siguiente escalón obligaba a entrar de lleno en las competiciones internacionales, un mundo en el que correr requiere no solamente velocidad, sino también una inversión económica enorme.

El talento estaba, pero el dinero podía detener la carrera

La situación económica familiar hacía muy difícil afrontar el coste necesario para seguir avanzando. Es uno de esos momentos que marcan muchas trayectorias en el automovilismo: pilotos con capacidad para continuar pero sin los recursos necesarios para hacerlo. En el caso de Gil, diferentes apoyos y la colaboración de personas de su entorno deportivo permitieron reunir la oportunidad necesaria para disputar una prueba internacional. Y Pedro la aprovechó. Entre aquellos primeros pasos recuerda especialmente un Europeo en el que consiguió la pole position, un resultado que terminó sirviendo de escaparate y que empezó a cambiar por completo su carrera.

A partir de ahí llegaron las llamadas de fabricantes italianos y el salto a una vida mucho más profesional. Gil comenzó a competir como piloto oficial de diferentes marcas, entrando en una dinámica de carreras internacionales, aeropuertos, hoteles, circuitos y entrenamientos constantes. Lo que durante años había sido una obsesión de niño empezaba a ser también su trabajo, aunque el precio de mantenerse en la élite incluía una enorme dedicación personal y deportiva.

Como tantos chavales que empiezan compitiendo sobre un kart, durante su infancia Pedro también imaginó alguna vez el camino hacia la Fórmula 1. Sin embargo, la transición a los monoplazas exige unos recursos económicos difíciles de asumir y aquel salto terminó quedando fuera de su alcance. Lejos de significar el final de su carrera, aquello provocó un cambio de objetivo. Alrededor de los 15 o 16 años decidió que, si no podía seguir la ruta tradicional hacia la Fórmula 1, intentaría lograr algo igualmente complicado: convertirse en piloto profesional de karting y vivir de competir.

2016, el año en el que lo ganó prácticamente todo

El gran premio a tantos años de trabajo llegó en 2016, una temporada que Gil resume de manera contundente:

Fue el año que lo gané todo.

Pedro Gil

Aquel año consiguió proclamarse campeón del mundo en dos categorías y campeón de Europa, alcanzando el punto más alto de una trayectoria iniciada cuando apenas era un niño que pasaba las tardes dando vueltas en un kart. Aquello que parecía difícilmente alcanzable se convirtió en una realidad: podía vivir profesionalmente del deporte que le había obsesionado desde pequeño.

Su trayectoria internacional no se detuvo después de aquellos títulos. Gil ha seguido compitiendo para diferentes fabricantes y acumulando resultados de primer nivel. El piloto explica que también ha sido tres veces campeón de Europa y que ha conseguido subir en varias ocasiones al podio de campeonatos mundiales. Detrás de esos resultados, insiste, hay muchos años de trabajo y también muchas renuncias personales.

Poder dedicarte a lo que más te gusta es increíble. Con mucho sacrificio, mucho trabajo, muchos viajes y sacrificando muchas cosas, lo obtuve. Era un sueño hecho realidad.

Pedro Gil

Un nuevo proyecto con Lloret de Mar mirando al futuro

Pedro Gil sigue actualmente compitiendo como profesional y asegura que todavía dispone de contrato para las próximas temporadas, por lo que su etapa como piloto está lejos de darse por terminada. Sin embargo, los años dentro del automovilismo también le han llevado a pensar en qué ocurrirá cuando llegue el momento de bajarse definitivamente del kart. Y buena parte de esa siguiente etapa pasa por Lloret de Mar, donde está desarrollando su propio equipo y trabajando ya con jóvenes pilotos de distintas categorías.

Por ahora, la estructura mantiene unas dimensiones reducidas porque su calendario como piloto profesional sigue ocupando buena parte del año, pero Gil tiene claro que el proyecto irá ganando protagonismo. Su intención es trasladar a las nuevas generaciones toda la experiencia acumulada durante años de competición internacional, ejercer como entrenador y desarrollar progresivamente una escudería propia. Después de haber recorrido circuitos de diferentes países y conocido desde dentro la exigencia de este deporte, su siguiente reto será ayudar a otros pilotos a gestionar ese mismo camino.

El proyecto supone, además, una curiosa vuelta al origen. Después de una vida marcada por los circuitos y los viajes internacionales, parte de su futuro profesional vuelve a situarse cerca del lugar donde nació su pasión por el motor. Ya no solamente como piloto, sino como alguien capaz de acompañar a otros jóvenes que hoy empiezan con los mismos sueños que él tenía cuando se pasaba las tardes acumulando vueltas.

La categoría KZ, la gran cuenta pendiente antes de cerrar una etapa

Pero antes de centrarse completamente en entrenar a las nuevas generaciones, Pedro Gil todavía guarda un objetivo muy concreto. Quiere conquistar la categoría KZ, un título que se le ha resistido después de haber estado muy cerca en diferentes ocasiones. Ha conseguido ser subcampeón de Europa y también ha rozado el título mundial, resultados enormes que, precisamente por esa proximidad con la victoria final, han dejado una sensación de asunto pendiente.

Su calendario continuará incluyendo nuevas pruebas internacionales y el Mundial, mientras mantiene la intención de seguir compitiendo durante varias temporadas más siempre que el cuerpo, la velocidad y los resultados acompañen. Y así, después de dos títulos mundiales, campeonatos europeos y años enteros viviendo entre circuitos, la historia de Pedro Gil vuelve de alguna manera al mismo punto donde comenzó: un kart, muchas vueltas y la misma obsesión por competir. La diferencia es que aquel niño que salía de la escuela para pasar la tarde rodando ya sabe perfectamente qué se siente al llegar a lo más alto de un podio mundial. Ahora quiere volver a hacerlo una vez más antes de abrir definitivamente el siguiente capítulo: ayudar a otros jóvenes pilotos a recorrer el camino que un día comenzó él.

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