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Punt d’Equilibri, siete años creando en Lloret un espacio donde niños, jóvenes y adultos pueden sentirse acompañados

Hoy hablo , de proyectos que empiezan con un objetivo muy concreto y, con el paso del tiempo, acaban creciendo hasta convertirse en algo mucho más amplio. Es el caso de Punt de Equilibri, una pequeña asociación sin ánimo de lucro de Lloret de Mar que nació para acompañar a menores con dificultades de aprendizaje y que, siete años después, ha ampliado su trabajo hacia ámbitos educativos, emocionales y sociales. La entidad ofrece actividades para niños, adolescentes y adultos con una idea que se repite detrás de prácticamente todas sus propuestas: crear espacios seguros en los que las personas puedan relacionarse, expresarse, aprender y sentirse parte de un grupo.

De las dificultades de aprendizaje a un proyecto mucho más amplio

La asociación fue fundada por Constanza Ángel con el propósito inicial de ayudar a niños que presentaban dificultades en el aprendizaje. Sin embargo, las necesidades que fueron encontrando durante el camino hicieron que el proyecto evolucionara de manera natural. «Es una asociación sin ánimo de lucro que nació para ayudar a niños con dificultades del aprendizaje, pero poco a poco hemos ido ampliando y creando un montón de proyectos», explica su fundadora. De esta manera, el acompañamiento dejó de centrarse únicamente en cuestiones académicas para incorporar también el bienestar emocional, las habilidades sociales, la convivencia y la creación de vínculos entre los participantes.

Uno de los puntos que más preocupa a la entidad tiene que ver precisamente con lo que ocurre cuando los menores van creciendo. Según explica Ángel, la adolescencia puede convertirse en una etapa especialmente complicada para quienes tienen dificultades para socializar o encontrar un grupo al que pertenecer. A partir de los 14 o 15 años, algunos recursos comienzan a desaparecer justo cuando determinadas necesidades pueden hacerse todavía más visibles. «Si tienen dificultades a la hora de socializar, de pertenecer a algún grupo o de encontrar un espacio donde sentirse seguros, se aíslan», señala la fundadora, que identifica esta situación como una de las problemáticas que han observado a lo largo de los siete años de trayectoria de la asociación.

Por este motivo, Punt d’Equilibri plantea muchas de sus actividades no solo como una herramienta educativa, sino también como espacios de convivencia y socialización. El objetivo es que los participantes puedan desarrollar habilidades, compartir experiencias y relacionarse en un entorno en el que no sientan la presión de tener que encajar. Esa sensación de pertenencia aparece también en los testimonios de los propios jóvenes que forman parte del proyecto. «Yo me siento muy bien porque siento que es como mi casa. Tengo aquí mi grupo, mis amigos y aquí tengo todo», explica uno de ellos.

La frase resume buena parte de la filosofía que ha acabado adquiriendo la asociación. Más allá de una determinada actividad o de una necesidad educativa concreta, el proyecto intenta ofrecer un punto de encuentro estable. Para algunos participantes puede significar encontrar nuevos amigos; para otros, disponer de un lugar en el que hablar, compartir inquietudes o simplemente pasar tiempo con personas con las que sentirse cómodos. Esa dimensión social ha ido ganando peso hasta convertirse en uno de los pilares de la entidad.

Talleres emocionales en los institutos de Lloret

El trabajo de la asociación también ha salido de su propio espacio para llegar directamente a los centros educativos de Lloret de Mar. La asociación colabora desde hace años con diferentes institutos del municipio, entre ellos Sant Quirze, Coll i Rodés y Rocagrossa, donde desarrolla talleres de gestión emocional destinados a estudiantes desde primero hasta cuarto de ESO. Las sesiones están orientadas a ofrecer herramientas que puedan ayudar a los adolescentes a reconocer y gestionar sus emociones, reforzar la autoestima, mejorar el autoconocimiento y trabajar diferentes habilidades sociales.

Con estas actividades, la entidad busca trasladar al entorno escolar parte del acompañamiento que ya realiza mediante sesiones y dinámicas grupales. La intención no es solamente intervenir cuando aparece un problema concreto, sino proporcionar recursos que permitan a los jóvenes comprender mejor lo que sienten y desenvolverse con mayor seguridad en sus relaciones personales y sociales. En una etapa como la adolescencia, en la que la necesidad de pertenecer a un grupo puede tener un enorme peso, la gestión emocional y las herramientas para relacionarse adquieren una importancia especialmente relevante.

Yoga en la playa, experimentos y actividades para todas las edades

Con el paso de los años, el proyecto también ha ido abriéndose a personas adultas y a participantes con circunstancias muy diferentes. Algunas personas llegan buscando simplemente una actividad; otras terminan encontrando un espacio para establecer nuevas relaciones. Una de las participantes explica que llegó a Lloret aproximadamente un año atrás y que la asociación terminó convirtiéndose para ella en algo más que un lugar al que acudir: «He encontrado aquí un acogimiento, una familia. Estoy encantada».

Una de las propuestas que refleja mejor este carácter abierto e intergeneracional es el yoga en la playa. Según explica la entidad, algunas sesiones llegan a reunir cerca de medio centenar de personas de edades muy diversas. Entre ellas hay participantes habituales, personas que nunca habían practicado yoga anteriormente e incluso ciudadanos que se encuentran en la playa y deciden sumarse en ese momento. La actividad acaba convirtiéndose así en una manera sencilla de compartir espacio, relacionarse y generar comunidad alrededor de una propuesta accesible para perfiles muy diferentes.

Los más pequeños también cuentan con actividades diseñadas para aprender de manera práctica y compartir tiempo con otros niños. Entre las propuestas aparecen manualidades, experimentos y actividades con diferentes materiales. Uno de los menores participantes lo tiene claro cuando explica cuál es su favorita:

«La que más me gusta es experimentos porque podemos experimentar con un montón de materiales y cosas».

Claudia

Entre sus recuerdos destaca especialmente una jornada en la que elaboraron slime junto a sus amigos, un ejemplo sencillo de cómo aprendizaje, diversión y convivencia pueden encontrarse dentro de una misma actividad.

Siete años con una palabra como eje: acompañar

Después de siete años de recorrido, el proyecto ha pasado de ser una iniciativa centrada fundamentalmente en las dificultades de aprendizaje a convertirse en un proyecto comunitario donde educación, bienestar emocional y relaciones sociales forman parte de una misma mirada. Detrás de los talleres, las actividades grupales, el trabajo en los institutos o las propuestas abiertas a personas de distintas edades aparece siempre una misma idea: acompañar en aquellos momentos en los que alguien puede necesitar herramientas para relacionarse, entender lo que siente o simplemente encontrar un lugar en el que sentirse aceptado.

Y quizá sea precisamente uno de los testimonios de sus participantes el que mejor define aquello que la asociación pretende construir en Lloret de Mar. Para algunos de los jóvenes que acuden a Punto de Equilibrio, el proyecto ya no es únicamente un lugar donde realizar actividades o recibir apoyo: es el espacio donde están sus amigos, donde encuentran su grupo y donde sienten que pueden estar como en casa.

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