
En primer lugar quiero agradecer al equipo de este nuevo Lloret Gaceta su invitación en poder colaborar, y en segundo, me presento un poco.
Soy Iván Soriano (Lloret de Mar, 1979) titulado en Educación Social y en Pedagogía y formaciones de postgrado en Comunicación y Participación Ciudadana, y en RRHH.Al largo de todos estos años he trabajado en el ámbito de la protección a la infancia, las políticas de empleo, la igualdad entre mujeres y hombres, las personas con discapacidad, y también, en cooperación internacional que me permitió vivir un tiempo en Ecuador, Colombia e India de la mano de la Fundación Vicente Ferrer.
Actualmente, trabajo como profesor de orientación educativa en un instituto de secundaria de Lloret y en la Universidad Abierta de Cataluña en el ámbito de la diversidad funcional, también practico danza en La Mujer del Carnicero. A nivel municipal, vengo del mundo de «l’esplai» y las actividades de verano en el que coofundé Shalom y el Caserón, algunos grupos de carnaval, las influencers de Lloret y me declaro activista LGTBIQ +, entre otros.
Una tarde de hace unos meses charlando con un grupo de madres después de que hubieran recogido a sus hijos e hijas respectivos extraescolares, y estos / as me dijeron que no les gustaba hacer inglés fuera de la escuela, las madres los interrumpieran diciendo que «tenían»(en tiempo verbal imperativo) de formarse en esta lengua extranjera porque era bueno para su futuro.
No dudo que hablar inglés sea una buena apuesta de futuro, pero dudo que un extraescolar de lengua extranjera sea la mejor apuesta de aprendizaje para todos.
La escuela es obligatoria y aunque los equipos docentes tenemos el reto de personalizar los procesos de enseñanza y aprendizaje de cada alumno, es decir, de proporcionarle lo que necesita como persona individual y respetando sus intereses reales y motivaciones , la realidad es compleja y tenemos esto, un reto sobre el que trabajamos en diario.
Las actividades extraescolares nos plantean, sin embargo, la oportunidad de actuar más particularmente sobre las motivaciones reales del niño y de ofrecerle desarrollar sus habilidades más auténticas, y de ahí que no crea que todo el mundo tenga que hacer inglés , fútbol o lo que sea actuando como rebaño.
Y no es fácil, no se trata sólo de preguntarle que quiere hacer (porque actuará según lo conoce y hace su entorno), se trata de conocerlo, acompañarlo, informarse de dónde está el que lo puede hacer crecer y dar la oportunidad de experimentar.
Y de ahí también nace una reflexión más general: creo que vivimos en una tendencia de abuso de las actividades extraescolares promovida por una demanda familiar de tener a las criaturas salvaguardadas, entretenidas y supuestamente formándose porque ya no hacemos vida de calle.
El tiempo extraescolar, en mi opinión, debe ser un tiempo de ocio y de conciliación con el entorno. Si bien no pretendo criminalizar hacia actividades creo que la inteligencia paterna / materna está a respetar y conocer los intereses y las motivaciones reales de los niños y adolescentes.
Si le gusta y crece con la música, la danza, el deporte o el inglés pues tienes el camino abierto para potenciar un / a gran músico, bailarín / a, deportista o lingüista, pero nunca desde el sentido imperativo de que debe hacer cosas, porque de cosas ya hace muchas en la escuela y estamos hablando en todo momento de su tiempo de ocio.
El resto del tiempo tu hijo / a (de pequeño a grande) agradecerá compartir contigo, y comunicarse contigo, durante su tiempo de ocio y de juego.
A esta misma madre le pregunté y tu hijo en que era bueno de pequeño y que le gustaba? El mismo pequeño me dijo: dibujante. Quizás algún día tendremos un nuevo gran artista.
Iván Soriano. Educador Social y Pedagogo. Más reflexiones en Instagram: @ivansoriano_proj
Genial. Me ha gustado la reflexión y sobre todo eso de que «ya no hacemos vida de calle…»
Y mucho menos con la pandemia, creo que hemos aprendido a vivir más a gusto en casa. ¿Será mejor o peor? Un tema quizás para otro artículo…..