
Esta revista me invita a participar como articulista para hablar de algún tema en clave local que pueda interesar a un amplio abanico de personas. Vaya por delante mi agradecimiento. Poder expresar actualmente una idea más allá de un twit o un comentario para facebook y disponer de un espacio para poder debatir sobre el público, a menudo copado por la política, me anima a querer poner en palabras temas que tienen que ver con cómo evoluciona nuestro pueblo y los que habitamos.
He nacido y me he criado en la calle de La Vila, una vértebra importante del casco antiguo que había sido comercialmente el más dinámico del pueblo, con mucha vida, habitado todo, año. A día de hoy, muchos vecinos del barrio tenemos que convivir con ocupaciones de casas, el ruido, las pintadas, incivismo (local y turístico), el mal estado de algunas calles y la dudosa salubridad de algunas casas. Un proceso debidamente expuesto a las diferentes administraciones y aún en vías de ser solucionado.
Conversando por la calle con un buen amigo, empresario hotelero sensible al estado actual del pueblo, recordamos la campaña Barcelona ponte guapa impulsada en 1985 por el Instituto municipal del paisaje urbano, un organismo autónomo constituido en un acuerdo por mayoría absoluta del Pleno del Ayuntamiento de Barcelona. La campaña tuvo 7 fases y finalizó el año 2009 con cifras importantes: la restauración de un tercio del total de los edificios de la ciudad, unos 27.000 edificios, y un coste de 100 millones de euros. Las líneas principales de actuación fueron, entre otros, promover la participación de la sociedad civil y el sector privado en la recuperación de casas y paisaje público, la gestión de la ordenanza municipal sobre la vivienda y canalizar y gestionar los ayudas para la rehabilitación de las casas. 26 años después, y con la perspectiva del tiempo, hay que valorar que el trabajo hecho caló profundamente en la autoestima y la proyección de la ciudad.
Diría que hoy día nuestro pueblo tiene algunas similitudes con la Barcelona del 85: un barrio antiguo degradado con muchas casas pendientes de ser rehabilitadas, la sensación de suciedad o siquiera de dejadez del mobiliario urbano. En algunos barrios que desde los años 70 (del siglo pasado) están dedicados casi exclusivamente a la actividad turística, hay un exceso de locales comerciales estacionales que proyectan un triste paisaje desolado cuando en invierno quedan todos cerrados. Estoy hablando de las calles situadas al oeste de la avenida Just Marlès y del Valle de Venecia, por poner un par de conocidos. En otros barrios y urbanizaciones se hace evidente que el paso del tiempo ha afectado también edificaciones y espacio público, edificios de interés cultural incluido.
Lloret de Mar tiene una temporada de verano tanto intensa y desgastador que en invierno no nos quedan fuerzas para trabajar proyectos estimulantes que mejoren el pueblo y a la vez nos hagan ganar autoestima. Una propuesta de las dimensiones del Barcelona ponte guapa em> – que se podría llamar Lloret ponte guapo podría ser un gran aliciente para ordenar casas y negocios. Aquí van unos cuantos puntos extraídos del proyecto de Barcelona que valdrían también por aquí:
-Adecuación de rótulos publicitarios a lo establecido en las ordenanzas
-Mejora de las condiciones higiénica sanitaria y de aislamiento acústico de bares y similares
-Restauración, arreglo y limpieza de fachadas y paredes medianeras
-Sustitución de agua de depósito para agua de red directo
-Ordenación y reubicación de aparatos de aire acondicionado
Son 5 los más de 20 puntos que se trabajaron en el proyecto de la capital Condal. En clave local añadiría como tema urgente el soterramiento de redes de cableado de telefonía y electricidad. Todos sabemos que es complicado perder el tiempo con estas grandes empresas, pero es una necesidad flagrante poner orden a los miles de cables que cuelgan desordenadamente de las fachadas y calles desvirtuando el espacio público.
Llegan dinero de Europa que pueden ser canalizados con objetivos muy concretos y necesarios. Un gran objetivo común, un proyecto en el que todo el mundo se sienta implicado, será estimulante para buena parte de la ciudadanía, creo que mucha gente tenemos ganas, el mundo turístico incluido. Es deseable que la nueva revisión del POUM ponga el foco en esa dirección. Lloret pide que se le limpie la cara.
Estupendo resumen de lo que deberíamos hacer para aumentar la autoestima de nuestra ciudad. Deseo que lo lean los implicados en las políticas urbanísticas.