Para muchos bañistas, entrar en el mar significa simplemente caminar unos metros por la arena y meterse en el agua. Para otras personas, en cambio, ese recorrido puede convertirse en una auténtica barrera. Este verano de 2026, Lloret de Mar mantiene su servicio de baño asistido para personas con movilidad reducida, un dispositivo que combina sillas anfibias, material adaptado y acompañamiento personal para facilitar algo tan cotidiano como poder disfrutar nuevamente del mar. Detrás del servicio aparecen historias que explican mucho mejor su importancia que cualquier dato técnico: personas mayores que llevaban años sin bañarse, usuarios en procesos de recuperación y vecinos que necesitan ayuda para recorrer los pocos metros que separan su silla de la orilla.
Cuatro años sin poder bañarse hasta que volvió a entrar al mar
Uno de los profesionales que trabaja directamente con los usuarios es Luis, monitor del servicio de baño asistido. Su labor comienza antes de llegar al agua, ya que determinadas personas necesitan ayuda para realizar la transferencia desde su silla de ruedas hasta el equipamiento adaptado. Para ello, las instalaciones cuentan con sillas anfibias y una grúa que permite efectuar algunas de estas maniobras de manera más segura. Una vez en la orilla, el acompañamiento continúa dentro del agua.
El monitor recuerda especialmente algunas situaciones vividas durante el servicio que reflejan hasta qué punto disponer de estos recursos puede cambiar una jornada de playa. Entre ellas está la de una pareja de aproximadamente 90 años que llevaba cuatro años sin poder bañarse en el mar. Gracias al dispositivo pudieron volver a entrar en el agua junto a sus nietos, recuperando una experiencia que durante años había quedado fuera de su alcance. También relata el caso reciente de una persona a la que habían amputado una pierna y que pudo regresar al mar mediante el material y la asistencia disponibles.
Para quienes trabajan cada día en el servicio, la reacción de los usuarios es una de las mejores formas de medir su utilidad. «La gente lo valora muchísimo. Se puede ver la cara de felicidad de la persona cuando viene a hacer el baño», señala Luis. Y precisamente ahí está una de las claves del dispositivo: no se trata únicamente de facilitar un acceso físico, sino de devolver actividades y momentos que muchas personas habían tenido que abandonar.
Entre las personas que conocen bien el funcionamiento del baño asistido se encuentra un usuario que asegura llevar alrededor de ocho años utilizando este servicio en Lloret. En su situación actual no puede realizar esfuerzos y necesita ayuda para superar el desnivel existente entre el punto en el que se encuentra en la playa y la entrada al agua. Para él, contar con personal preparado marca completamente la diferencia. «Me parece algo espectacular para todos los que estamos pasando por algún momento así», explica.
El usuario destaca especialmente la asistencia que recibe tanto para entrar como, sobre todo, para salir del mar. «Yo no puedo hacer fuerza. Me tienen que sacar porque no puedo hacerlo y siempre me ayudan. No solo a mí, a toda la gente que viene aquí. Somos muchos», relata. Su testimonio pone sobre la mesa una realidad que puede pasar desapercibida para quien no tiene problemas de movilidad: una pasarela puede acercar a una persona hasta la playa, pero no necesariamente permite completar por sí sola todo el recorrido hasta el agua y regresar después con seguridad.
Otro de los usuarios habituales es Raúl, aficionado a la natación, para quien disponer de este servicio en el propio municipio significa mantener una actividad que forma parte de su día a día sin tener que desplazarse a otras localidades.
«Así no tengo que ir a buscar playas adaptadas».
Raúl
En su caso, la accesibilidad no representa solamente poder entrar en el mar, sino conservar autonomía, practicar deporte y compartir el espacio de playa con el resto de ciudadanos.
La importancia de estos recursos es también destacada por entidades que trabajan habitualmente con personas con movilidad reducida. Manolo Juiz López, presidente de la Asociación Rodapeus, considera esencial que un municipio turístico como Lloret de Mar disponga de instalaciones y servicios capaces de responder a diferentes necesidades.
«Muchas veces la gente no se da cuenta de lo difícil que es llevar a una persona con movilidad reducida a la playa. Se merecen lo mismo que cualquier otra persona»
Manolo Juiz López
Rodapeus desarrolla precisamente actividades destinadas a hacer accesibles experiencias que pueden presentar importantes obstáculos para determinados colectivos. La asociación acompaña a personas con movilidad reducida tanto en actividades de playa como de montaña y participa cada año en diferentes etapas del Camino de Santiago. El objetivo, según explica su presidente, es hacer posible aquello que para muchas otras personas forma parte de la rutina. «Intentamos que las personas con movilidad reducida también tengan ese privilegio», afirma.
Juiz introduce además otro elemento menos visible: el impacto que estas experiencias tienen sobre quienes colaboran como voluntarios. «Ellos están encantados de hacer estas actividades, pero la gente voluntaria estamos todavía más encantados de poder hacerlas con ellos. Te da una satisfacción personal que no se puede describir con palabras». De esta forma, el acompañamiento termina generando una experiencia compartida en la que la accesibilidad beneficia directamente al usuario, pero también crea vínculos y espacios de convivencia entre participantes y voluntarios.
Una playa accesible necesita algo más que una pasarela
Las playas de Lloret y Fenals disponen de diferentes elementos destinados a mejorar la accesibilidad, entre ellos sillas anfibias y pasarelas de aproximación a la zona de baño. Sin embargo, las necesidades pueden variar enormemente de una persona a otra. Hay usuarios capaces de realizar parte del recorrido de manera autónoma y otros que necesitan asistencia desde el primer momento, incluida la transferencia desde una silla convencional, el desplazamiento por la arena, la entrada al agua y el posterior regreso.
Precisamente por ello, este verano se ha incorporado en la playa de Lloret un asistente sociosanitario dedicado específicamente al baño adaptado, reforzando el trabajo que ya realiza el dispositivo de salvamento y socorrismo. La asistencia personal permite completar aquello que el equipamiento por sí solo no siempre puede resolver: acompañar, ayudar a mantener la seguridad durante el baño y adaptar cada intervención a las necesidades concretas de la persona.
El dispositivo de salvamento y socorrismo de Lloret y Fenals permanece operativo durante una temporada especialmente larga, desde mediados de mayo hasta mediados de octubre, con un refuerzo durante los meses de julio y agosto coincidiendo con el periodo de mayor afluencia turística. Dentro de ese amplio operativo, el baño asistido puede representar una parte relativamente reducida en número de intervenciones, pero para sus usuarios supone una diferencia enorme.
El mismo objetivo para todos: llegar al agua y disfrutar
Las experiencias recogidas este verano muestran perfiles muy distintos. Hay jóvenes que quieren continuar practicando natación, personas mayores que llevaban años sin poder entrar en el Mediterráneo, usuarios que atraviesan procesos médicos y ciudadanos que necesitan ayuda únicamente durante una parte del recorrido. Todos ellos tienen algo en común: sin un entorno adaptado y sin la asistencia necesaria, disfrutar de la playa dejaría de ser algo sencillo.
Para la mayoría de personas, un baño comienza con unos pasos por la arena. Para otras requiere una pasarela, una silla anfibia, una grúa, material especializado y alguien preparado para acompañarlas. La infraestructura importa, pero los testimonios de este verano muestran que la diferencia definitiva la marca poder completar todo el proceso con seguridad y dignidad. Al final, tanto para quien entra caminando como para quien necesita asistencia, el objetivo termina siendo exactamente el mismo: llegar al agua, bañarse y disfrutar del mar.