
Turismo en disputa
El pasado 28 de julio tuve la ocasión de viajar hasta Tenerife, invitada por la Asociación de Camareras de Pisos de Canarias. Ya había estado en tres ocasiones más en las islas Canarias, pero cada vez que paseo por sus calles no dejo de asombrarme de la tranquilidad que se respira en ellas, exceptuando el caos de la circulación, que es, a todas luces, insufrible, como en cualquier gran ciudad de la península.
Pero cuando cae la tarde-noche y camino por los preciosos paseos al borde del océano Atlántico, pude ver familias con niños paseando con tranquilidad, incluso por las zonas de ocio nocturno. Una imagen que me hizo reflexionar, inevitablemente, sobre nuestra realidad en Lloret de Mar. Aquí, en estos meses de temporada alta, como todos sabemos, a quienes vivimos y trabajamos aquí nos da miedo pasear por la Riera y, sin entrar en detalles, todos sabemos por qué.
No pasa un año sin que alguno de los muchos jóvenes que nos visitan acabe en el anatómico forense de Girona. Es una realidad muy dura que no podemos normalizar ni asumir como una consecuencia inevitable del turismo. El turismo debería ser una fuente de riqueza, de oportunidades y de convivencia, no un motivo de miedo para quienes vivimos todo el año en el municipio.
Quiero destacar también la calidez de los canarios que viven en zonas rurales, que son más ajenos al turismo masivo: su trato, su idiosincrasia, su amabilidad para con quienes venimos de fuera y lo bien conservado que tienen su patrimonio arquitectónico local. Como bien me explicó la persona que me acompañó, en Tenerife se concentra una gran cantidad de hoteles de cinco estrellas y sorprende comprobar lo grandes que son y lo bien cuidados que están.
Desde aquí quiero agradecer a la presidenta de dicha asociación, Angelina Martín Padrón, su gentileza para conmigo. Crecimos juntas en la lucha por mejorar las condiciones de trabajo de las camareras de pisos. Si bien ella empezó como Kellys Unión Tenerife, por desacuerdos internos, como suele pasar en los movimientos sociales y reivindicativos, se desmarcó de las Kellys e hizo su propia asociación de camareras de pisos de Canarias.
Ahora bien, ¡no ha podido hacerlo mejor! Ella y las mujeres que forman parte de su asociación han demostrado una enorme capacidad de lucha, organización y compromiso. A pesar de que yo no confiaba en ir con ningún sindicato, por mi experiencia personal, me han demostrado que esta es una lucha de todos como sociedad.
En la asamblea a la que tuve el honor de asistir pude compartir experiencias con camareras de pisos y sindicalistas. Se invitó a diferentes asociaciones y sindicatos y se votó por unanimidad ir a la huelga de camareras de pisos. Fue especialmente importante comprobar cómo mujeres de diferentes lugares y con experiencias distintas compartían un mismo problema: la necesidad de dignificar unas condiciones laborales que, demasiadas veces, siguen siendo precarias.
El turismo sigue creciendo y, desgraciadamente, con el turismo también crecen la precariedad y la desigualdad social. Lloret de Mar sigue sin encontrar la fórmula que permita reducir la pobreza de los trabajadores del sector, mientras, por otro lado, se baten récords de ocupación, se conceden y reciben premios de turismo, y suma y sigue.
Pero no pasa un año sin que aparezcamos en las noticias a nivel nacional por los disturbios callejeros, sin que crezca el malestar de las asociaciones de vecinos o sin que se hable de inseguridad ciudadana. Algo estamos haciendo mal si somos capaces de atraer a millones de visitantes, pero no conseguimos garantizar al mismo tiempo unas condiciones de vida dignas para quienes trabajan y viven aquí durante todo el año.
Quizás deberíamos dejar de hablar únicamente de cifras, récords de ocupación y número de visitantes y empezar a hablar también de las personas que hacen posible que nuestro modelo turístico funcione. Camareras de pisos, trabajadores de la restauración, personal de limpieza, comerciantes, transportistas y tantos otros profesionales que sostienen cada temporada el motor económico de nuestra ciudad.
Tenemos que preguntarnos, una vez más, qué modelo de ciudad queremos. Porque no se trata de estar en contra del turismo, sino de defender un turismo que sea compatible con la vida de quienes vivimos aquí. Un turismo que genere riqueza, pero que también genere bienestar. Un turismo que no obligue a elegir entre trabajar y vivir con tranquilidad.
Tenerife me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas. No pretendo comparar dos territorios que tienen realidades diferentes, pero sí creo que debemos observar lo que ocurre en otros destinos turísticos y preguntarnos qué podemos aprender de ellos.
Lloret de Mar tiene mucho que ofrecer y no podemos permitir que nuestra imagen quede asociada únicamente al turismo de excesos, a los conflictos y a la inseguridad. Tenemos patrimonio, cultura, naturaleza, gastronomía, trabajadores comprometidos y un municipio que merece ser mucho más que un destino de temporada.
El debate está abierto y, sobre todo, es necesario. Porque si queremos seguir siendo una gran potencia turística, también tenemos que conseguir que quienes vivimos y trabajamos aquí podamos sentirnos orgullosos de hacerlo.