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Columna de Opinión | Turismo de calidad también es convivencia

En los últimos días hemos conocido la apuesta del Ayuntamiento de Lloret de Mar por impulsar un modelo de turismo de mayor calidad. Como vecino que vive durante todo el año en el municipio, considero que esta es una excelente noticia y, al mismo tiempo, una magnífica oportunidad para abrir un debate que, en mi opinión, resulta imprescindible: la convivencia entre las viviendas de uso turístico y los barrios residenciales donde muchas familias seguimos haciendo nuestra vida cada día.

Un municipio que ha evolucionado

Muchos de los barrios de Lloret nacieron como zonas tranquilas, habitadas por vecinos que vivían aquí todo el año. Con el paso del tiempo, esa realidad ha cambiado. Muchas viviendas han cambiado de propietario y una parte de ellas se ha convertido en alojamientos turísticos. No creo que eso sea un problema por sí mismo. Forma parte de la evolución de un municipio que vive, en gran medida, del turismo y que ha sabido adaptarse a las nuevas formas de viajar.

Entiendo perfectamente que quienes nos visitan quieran disfrutar de sus vacaciones, compartir tiempo con familiares y amigos o pasar un buen rato en la piscina. Nunca he pensado que un barrio tenga que permanecer en silencio absoluto durante el verano. Las vacaciones están para disfrutarlas, pero también creo que existe un límite razonable que nos permite convivir sin que unos perjudiquen a otros.

Cuando el ruido deja de ser puntual

El problema aparece cuando ese uso deja de ser razonable y se convierte en una fuente constante de molestias. Música a un volumen muy elevado, gritos durante horas, juegos especialmente ruidosos en las piscinas o reuniones que se prolongan hasta bien entrada la noche terminan afectando al descanso de quienes vivimos aquí todo el año.

Además, la realidad laboral también ha cambiado. Cada vez somos más las personas que teletrabajamos desde casa. Necesitamos mantener reuniones, impartir clases, realizar videollamadas o simplemente concentrarnos. Cuando el ruido es constante durante buena parte del día, deja de ser una molestia puntual para convertirse en un auténtico problema de convivencia que afecta directamente a nuestro trabajo y a nuestra calidad de vida.

El turismo de calidad también habla de respeto

Estoy convencido de que hablar de turismo de calidad también significa hablar de respeto. La calidad de un destino no depende únicamente del número de visitantes ni de su capacidad de gasto. También depende de que quienes llegan reciban una información clara sobre las normas de convivencia y comprendan que se alojan en barrios donde viven personas durante todo el año.

Creo sinceramente que las viviendas de uso turístico pueden convivir perfectamente con los vecinos si existe una gestión responsable, si se informa adecuadamente a los huéspedes y si, cuando aparecen molestias reiteradas, se actúa con rapidez para solucionarlas. No se trata de enfrentar a residentes y visitantes, sino de conseguir que ambos puedan compartir el mismo espacio con sentido común y respeto mutuo.

Un reto para el futuro de Lloret

Lloret de Mar tiene una gran oportunidad para consolidarse como un referente del turismo de calidad. Sin embargo, creo que ese objetivo solo será completo si también somos capaces de cuidar la calidad de vida de quienes hacemos de este municipio nuestro hogar durante los doce meses del año. Porque, desde mi punto de vista, el mejor destino turístico es aquel donde visitantes y vecinos conviven con normalidad, respeto y sentido común. Ese, para mí, es el verdadero turismo de calidad al que deberíamos aspirar.

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By By Acerko