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Carlos y Nuria, la familia de Lloret que abre las puertas de su hogar a menores vulnerables cuando nadie llega a tiempo

El próximo 31 de mayo, se conmemora el Día Mundial del Acogimiento Familiar. Y confesamos que no es sencillo abordar este tema. No es fácil explicar una realidad que, en el fondo, nadie desearía que existiera. Hablar de acogimiento es hablar de menores que, por distintas circunstancias, no han podido crecer en su propio hogar. Y ojalá no fuera necesario celebrarlo. Pero, por desgracia, sí hace falta.

Hace falta visibilizar que existen niños que necesitan salir de su entorno con urgencia. Y hace falta reconocer que también existen familias que, en cuestión de minutos, toman decisiones que cambian una vida para siempre.

Desde 2018, Carlos y Nuria, una familia de Lloret de Mar, han acogido en su hogar a seis menores en situación de vulnerabilidad. Seis historias que comenzaron con una retirada urgente y que encontraron, al otro lado del teléfono, un “sí” inmediato.

“Es un acto voluntario. Nadie te obliga. Te nace”, resume Carlos, el padre de familia.

No hay épica en sus palabras. No buscan reconocimiento. Hay, simplemente, una convicción clara de ofrecer a esos niños una realidad distinta a la que les ha tocado vivir.

Un teléfono que puede cambiar una vida

El acogimiento de urgencia no espera. Puede tratarse de un bebé de apenas unos días. Puede tratarse de dos hermanos pequeños que deben abandonar su entorno esa misma tarde.

En cuestión de horas pueden estar recogiendo a un recién nacido en el hospital o desplazándose a un centro residencial. No existe planificación a largo plazo. Existe improvisación, responsabilidad y una capacidad extraordinaria de adaptación.

Desde 2018 han pasado seis menores por su hogar. Solo uno regresó a un centro. El resto continuaron su camino hacia adopciones o familias permanentes. El caso actual se encuentra aún en fase de evaluación.

Cada despedida supone un proceso emocional complejo. Pero forma parte del compromiso asumido desde el primer día: acompañar mientras sea necesario, aunque eso implique aprender a soltar.

“El acogimiento no es adopción”

Conviene aclararlo. El acogimiento no es adopción.

Dentro del sistema existen diversas modalidades: urgencia, permanente, simple, fines de semana, periodos vacacionales o mentoría. Todas comparten un objetivo común: ofrecer estabilidad temporal mientras se define el futuro del menor.

La adopción implica un vínculo jurídico definitivo. El acogimiento, en cambio, es transitorio por naturaleza.

“En adopción no somos expertos. Lo nuestro es estar cuando la urgencia no puede esperar”, reconoce la familia con honestidad.

Una labor altruista con muchas responsabilidades

El acogimiento familiar es una labor altruista. Las familias insisten en que no lo hacen por dinero.

Sin embargo, sí existe una reivindicación clara. Desde la Asociación de Familias Acogedoras reclaman algo básico: protección y cobertura.

“No pedimos dinero. Pero si sufro un accidente en casa y soy responsable de un menor tutelado, ¿qué ocurre?”, plantea Carlos. La responsabilidad es total. El respaldo institucional, según denuncian, no siempre está a la misma altura.

El debate no es económico. Es estructural. Las familias asumen una función social esencial dentro del sistema de protección, pero consideran que deberían contar con mayor seguridad jurídica y apoyo.

El acogimiento exige estabilidad emocional, resiliencia y fortaleza ante procesos burocráticos complejos. Hay incertidumbre. Hay desgaste. Hay momentos de duda.

Por eso, el mensaje que lanzan a quienes se planteen dar el paso es claro: no basta con buena voluntad.

“Hay que tener muchas ganas, mucho cariño y un poco de locura sana”.

Locura entendida como valentía. Como capacidad de asumir que habrá obstáculos, trámites, despedidas y noches sin dormir.

A las familias interesadas les recomiendan informarse a través de los servicios de protección de menores en Girona o acudir a fundaciones especializadas en acogimiento y adopción. Formarse. Reflexionar. Y decidir desde la convicción.

“Los niños son de todos”

Más allá de la experiencia individual, el acogimiento interpela a la sociedad en su conjunto. Porque detrás de cada expediente hay un menor que no eligió su circunstancia.

“Los niños son de todos”, reflexiona el padre. “Forman parte de esta sociedad. Son el futuro”.

Seis menores encontraron durante un tiempo un hogar estable en Lloret. Seis historias que demuestran que, incluso dentro de un sistema complejo y a menudo invisible, hay familias dispuestas a sostener lo que otros no pudieron sostener.

Y que, pese a las dificultades, siguen respondiendo cuando el teléfono vuelve a sonar.

El próximo 31 de mayo, conviene recordarlo. Porque ojalá no hiciera falta hablar de acogimiento. Pero mientras haga falta, harán falta también familias que digan sí.

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By By Acerko