
Me presento, ya que esta es mi primera columna en la Gaceta de Lloret, soy Quim Jong 2, y vengo a poner un poco de orden a este Lloret que se va demacrando día a día, y ya cuando me vayais cogiendo confianza y el pueblo esté totalmente arreglado, podréis llamarme Quimet. Os cuento mi primera misión:
Hace poco más de un mes que, en aquella mañana del 20 de agosto de 2021, se estrellara un vehículo francés, en la rotonda que facilita la entrada al Teatro Municipal y hace más fluida la circulación de la Avenida de Tossa.

Eran poco más de las siete de la mañana, y por lo visto, el turista no se dirigía a trabajar precisamente, ni llevaba de parto a su mujer (por las prisas) para no ver semejantes bloques de hormigón que forman el monumento de la escultora lloretense Angélica Arvylás, colocado allí en 2012.

Un precioso (y no barato) monumento pagado por el bolsillo de todos los contribuyentes de Lloret, que a día de hoy no ha sido puesto en pie.
Según los allí presentes, el vehículo galo, se dirigía dirección centro Lloret, y venia dirección Tossa a gran velocidad, no haciendo la semicircunferencia en la rotonda, y seguir en línea recta, sin ver, ni oler el monumento, y tras un fuerte impacto contra él, las piezas que componían la obra de arte, caían como si de un dominó se tratara.
Volvemos al origen de esta nota, después de ponernos en situación, y la pregunta es ¿Quien paga la imprudencia de un turista en Lloret, por el derribo de un monumento?
Dejo la pregunta abierta, conociendo de primera mano, cómo funcionan los seguros automovilísticos, y cómo se gestionan las cosas de Palacio. Ambas “empresas” trabajan lentas y despacio, y en gran cantidad de ocasiones se limpian las manos.


