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Crónica de una noche sin dormir: padres, cafés, fe y el “Juego del Hambre” de los casales de verano de Lloret de Mar

Confieso que hacía tiempo que no veía un ambiente tan tenso entre amigos al despedirnos el pasado domingo a la tarde antes de meternos en casa: ducha y los últimos deberes “que mañana hay cole”. Eran las 23:59h del domingo, a un minuto de entrar en el lunes 25 de mayo, y cientos de familias de Lloret de Mar vivíamos una escena digna de una mezcla entre Silicon Valley y “Los Juegos del Hambre”. El premio no era una entrada VIP a un concierto de Bad Bunny ni un viaje a ver la cara oculta a la luna. No. El gran objetivo era conseguir una plaza en los casales municipales de verano para los peques de entre 4 y 12 años, ya que el ayuntamiento abría las solicitudes online a la hora señalada. Un servicio muy demandado por sus precios asequibles, dentro de lo que cabe.

Minutos antes del gran momento, las casas parecían centros de operaciones de la NASA. Padres comprobando el Wi-Fi, madres alineando móviles, tablets, ordenadores y hasta los smartwatch. Había tarjetas bancarias listas, pestañas abiertas y algo todavía más importante: esperanza. Esa ingenua y preciosa esperanza que todos tenemos cuando pensamos “este año seguro que irá mejor”. Qué ilusos… tropezamos dos, tres y veinte veces con la misma piedra digital, pero seguimos adelante con mucha fe.

Y entonces llegó el colapso. Puntual. Fiel. Casi tradicional ya. Porque si algo tiene de fiable este sistema es precisamente que deja de funcionar cuando más gente lo necesita. La web empezó a bloquearse, los pasos no avanzaban y los errores aparecían en pantalla. Algunos afortunados consiguieron llegar a la pantalla de pago, aunque aquello parecía más una ruleta rusa tecnológica que un trámite municipal. Hubo quien pagó una vez… y luego volvió a pagar “por si acaso”. Porque cuando tú mujer lleva tres y cuatro horas luchando contra formularios, captchas y pantallas congeladas, entra en una dimensión mental en la que ya no sabes si está inscribiendo a tu hij@ en un casal o está hackeando el móvil del profesor de la Casa de Papel.

La gran resaca tecnológica de Lloret

En nuestro caso particular, la plaza para todo el mes de julio quedó asegurada a las 3:35 de la madrugada. Una hora absolutamente razonable para cualquier padre o madre trabajador, claro que sí. Pero la misión no había terminado, agosto requería otro trámite. Ahí seguíamos, peleando con la tecnología mientras los pájaros empezaban prácticamente a cantar. Y al día siguiente, Lloret amaneció con una imagen digna de una rave silenciosa patrocinada por cafeteras y bebidas energéticas.

El lunes, en las puertas del cole, las caras hablaban solas. Ojeras históricas. Miradas perdidas. Conversaciones monocordes entre padres derrotados por la burocracia digital. “Yo estuve hasta las cuatro”, “yo no pude”, “yo me desperté a las seis para probar suerte”… Aquello no era una reunión escolar, era un grupo de supervivientes compartiendo traumas de una guerra tecnológica. La mitad del pueblo parecía funcionar a medio gas. Y no por una fiesta. No había habido música ni copas. Solo ratones, teclados y una web municipal convertida en una prueba de resistencia psicológica.

Una propuesta medio en broma… pero no tanto

Y ya puestos, quizá el año que viene podríamos institucionalizar el evento. Hacer una gran quedada nocturna para padres en alguna discoteca de Lloret mientras intentamos conseguir plaza para los casales. Al menos habría DJ, luces y algo de dignidad colectiva. Porque total, dormir ya hemos visto que no vamos a dormir. Podríamos brindar cada vez que la web se cae y celebrar con bengalas cuando alguien consiga pasar a la pantalla de pago. No sé, piénsenlo.

Pero más allá de la ironía, el asunto tiene una parte seria. Porque hablamos de familias que necesitan conciliar, de niños que quieren compartir verano con sus amigos y de un servicio municipal muy demandado. Y cuando un sistema colapsa año tras año, quizá ha llegado el momento de asumir que la herramienta… falla. La tecnología debe facilitar la vida, no convertir una inscripción infantil en una maratón de ansiedad colectiva.

¿Modernizar el sistema o volver a lo simple?

Muchos padres coinciden en lo mismo: hace falta un sistema más moderno y eficiente o simplemente abrir más escuelas municipales para el verano. Y si eso no es posible, quizá incluso sería más práctico volver a fórmulas tradicionales. Una simple lista en las escuelas al acabar el curso, un sistema escalonado o incluso un sorteo transparente en caso de exceso de demanda. Cualquier alternativa parece más razonable que convertir a cientos de familias en programadores improvisados a medianoche. Porque lo que no puede normalizarse es que conseguir una plaza de casal implique dormir tres horas y llegar al trabajo pareciendo el protagonista del remake de los Gremlings.

Por cierto, desconozco si a estas horas todavía quedan plazas libres, pero por si alguien quiere intentarlo dejo aquí el enlace oficial. Eso sí, antes de hacer clic recomiendo dos cosas: paciencia… y café.

Resumen del servicio anunciado por el Ayuntamiento

El Ayuntamiento de Lloret abrió las inscripciones de los Casales de Verano 2026 del 25 de mayo al 5 de junio, con plazas limitadas para niños y niñas nacidos entre 2022 (I3) y 2014 (6º de Primaria). Los casales municipales son el Casal Caleta, en la Escola Àngels Alemany, y el Casal Trons, en la Escola Pompeu Fabra. Ambos funcionarán durante julio y agosto con opciones de media jornada de mañana o tarde, jornada completa y servicio de comedor entre semana. Los precios establecidos son de 94,20 euros mensuales para media jornada y 133,10 euros para jornada completa, sin incluir comedor. Más información disponible en www.lloret.cat/casalestiu.

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