Yates Hard Rock forma parte de la historia de Lloret de Mar. Durante cinco décadas fue mucho más que un bar: se convirtió en un punto de encuentro para amantes del rock, motoristas y miles de turistas europeos que, verano tras verano, hicieron del local una parada obligatoria. Ahora, tres años después de su cierre, su historia vuelve a ser noticia tras conocerse que Bernabé Requena Álvarez, conocido como Berna, ha obtenido una sentencia favorable en el proceso judicial iniciado después de la desaparición del emblemático establecimiento.
Del Yates Wine Lodge al templo del rock en la Costa Brava
La historia del local comenzó en 1972, cuando un empresario británico afincado en Lloret fundó Londoner S.A., empresa que gestionaba cinco establecimientos, entre ellos Yates. Durante los años setenta y ochenta funcionó como Yates Wine Lodge, ofreciendo la música rock de la época. Sin embargo, fue a principios de los años noventa cuando el establecimiento dio un giro definitivo y pasó a llamarse Yates Hard Rock, adoptando una identidad claramente ligada al heavy rock y al mundo de las motocicletas.
Con el paso de los años, el local se consolidó como uno de los grandes referentes del ocio nocturno de Lloret y de la Costa Brava. Numerosos Moto Clubs de diferentes países europeos hacían parada en Yates durante sus rutas, convirtiendo el establecimiento en un lugar de encuentro para aficionados al rock y las dos ruedas.
La época dorada y el nacimiento de la Yates Family
En esa etapa llegó Bernabé Requena Álvarez, conocido como Berna, que comenzó a trabajar junto al entonces encargado, Karl, un motorista alemán muy recordado por quienes vivieron aquellas noches en Lloret. Junto a Juan, Silke, David y el propio Berna formaron un equipo que permaneció unido entre 1994 y 2004, una década que muchos recuerdan como la época dorada del establecimiento.
Según explica Berna, fue entonces cuando consiguieron crear un vínculo muy especial con la clientela. Muchos visitantes regresaban cada verano a Lloret y hacían de Yates una visita obligada durante sus vacaciones. De esa relación nació la conocida Yates Family, una comunidad de clientes y amigos que sigue manteniendo vivo el recuerdo del local incluso después de su cierre.
Tras la marcha de algunos compañeros a sus países de origen, Berna asumió la dirección del establecimiento y formó un nuevo equipo integrado por Marlon, Sandra, Emi, Jack, Pep, Manu, Magda y Cristina, entre otros. Según asegura, todos ellos lograron mantener vivo el espíritu de Yates durante más de una década.
Actualmente, el grupo de Facebook dedicado al local reúne cerca de 3.000 miembros, muchos de los cuales siguen reuniéndose cuando visitan Lloret desde diferentes países europeos, manteniendo viva una amistad nacida entre las paredes del histórico establecimiento.
Del cambio de ubicación al cierre definitivo
El principio del final llegó en diciembre de 2018, cuando las desavenencias entre la empresa gestora y los propietarios del edificio obligaron a abandonar el histórico emplazamiento que hoy ocupa la discoteca Gotham. En 2019, Yates se trasladó al pequeño bar Torito, situado entre Londoner y Gotham, aunque un año después la pandemia golpeó duramente a la empresa.
En 2021, el establecimiento volvió a cambiar de ubicación y abrió en el antiguo Hot Spot, situado entre Londoner y Zoo, en la misma Riera. Sin embargo, el golpe definitivo llegó en junio de 2022, cuando los restos de Londoner S.A. fueron vendidos a tres nuevos socios.
Según explica Berna, una serie de decisiones posteriores terminaron alejando el proyecto de la esencia que había caracterizado al local durante décadas. Entre ellas, la transformación de Yates en un sports bar de estilo americano bajo el nombre de Touchdown, con una oferta basada en cócteles, pizzas y hamburguesas, muy distinta a la identidad rockera que había convertido al establecimiento en un referente.
Una despedida inolvidable y una sentencia favorable
A pesar de todo, septiembre de 2022 dejó un último recuerdo imborrable para quienes formaban parte de la Yates Family. En la discoteca Londoner se celebró la fiesta del 50 aniversario de Yates Hard Rock, un encuentro que terminó convirtiéndose en la despedida definitiva del local y que reunió a personas llegadas desde distintos países europeos.
Tras el cierre llegaron también los conflictos con los nuevos propietarios. Berna presentó una demanda judicial y, después de dos años y medio de procedimiento y tres juicios suspendidos, obtuvo una sentencia favorable recientemente. Según explica, lo primero que hizo al conocer el fallo fue compartir la noticia con la Yates Family como homenaje a todo lo que representó el establecimiento para miles de personas.
Aunque Yates Hard Rock ya no existe físicamente, su legado continúa vivo en los recuerdos de quienes encontraron allí mucho más que un bar: un lugar donde compartir música, amistad y una forma de entender el rock que sigue uniendo a personas de toda Europa.