
Nacida en México y afincada actualmente en Lloret de Mar, la artista multidisciplinar Paloma Landgrave —también conocida como Paloma Taube— ha logrado construir un lenguaje creativo propio en el que literatura, música, pintura y memoria se entrelazan hasta convertirse en una sola experiencia. Escritora, cantante, compositora y creadora visual, su trayectoria está marcada por un intenso nomadismo cultural que la ha llevado a nutrirse de países como Francia, España, Italia, Marruecos y distintos rincones del continente americano.
Lejos de concebir el libro como un objeto aislado, Landgrave entiende cada obra como un universo completo en el que la palabra escrita necesita dialogar con el sonido. “Para comprender una historia también hay que escuchar su frecuencia”, defiende la autora, que ha convertido sus publicaciones en proyectos inmersivos acompañados de bandas sonoras originales.
Uno de los ejemplos más representativos es AnHumaLes, una obra que propone una profunda reflexión sobre la relación entre el ser humano y el reino animal, invitando al lector a reencontrarse con su naturaleza más instintiva y salvaje. El libro se complementa con el soundtrack AnHumals, una creación musical que guía emocionalmente por los distintos hábitats y territorios que atraviesan sus páginas: agua, aire, tierra, el universo microscópico y el propio mundo humano.
A través de esta propuesta, la autora mexicana plantea una conexión sensorial con todas las criaturas vivas y con el latido común que une a la existencia. No se trata únicamente de leer, sino de escuchar, sentir y recorrer un paisaje orgánico donde texto y melodía funcionan como un mismo hilo narrativo.
Muy distinta en temática, aunque igual de intensa en su dimensión artística, es su obra Cantando viene la muerte, un homenaje a una de las tradiciones culturales más arraigadas de México: la relación con la muerte desde la música, la oralidad y la celebración.
En este libro, Landgrave se aleja de la visión sombría que predomina en Occidente para adentrarse en la llamada Fiesta de los Muertos como un espacio donde el recuerdo de los ausentes se mantiene vivo a través de canciones, leyendas, poemas y relatos transmitidos de generación en generación. La autora rescata esa memoria popular “que viaja de boca a oído y que muchas veces no aparece en los libros de historia”.
La publicación incorpora además 23 calaveritas literarias, composiciones satíricas y afectuosas dedicadas a la muerte, una tradición mexicana que juega con el destino y convierte el duelo en un acto de amor y celebración de la vida.
Todo ello se acompaña del álbum Cantando viene, una suerte de lírica funeraria donde Paloma Landgrave recoge no solo cantos mexicanos para guiar a las almas, sino también su percepción de cómo otras culturas sienten la muerte a través de seis canciones inspiradas en distintos continentes.
Instalada hoy en Lloret de Mar, la creadora continúa desarrollando una obra singular que trasciende géneros y formatos. Su propuesta artística invita al público a entrar en una auténtica “casa salvaje” de sonidos, palabras y emociones, donde la literatura deja de ser leída para ser también escuchada y habitada.
Sus obras
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