
Después de varios años de investigación y gracias a una operación conjunta entre Guardia Civil, Policia Nacional y Mossos d’Esquadra potenciando una serie de controles en las entradas y salidas y las tan codiciadas urbanizaciones por los delincuentes en las diferentes localidades de la comarca de la Selva como Lloret y Vidreres, finalmente consiguen detener a Zlatan Petrovic que vivía en la urbanización Puigventós (Vidreres), en una calle donde tenía tres casas en propiedad fortificadas por cámaras.
Con un total de 61 personas detenidas entre España y países del Este de Europa, entre ellos el jefe de la organización, el serbio Zlatan Petrovic, un hombre considerado de alto riesgo perteneciente al cártel de los Balcanes y que lideraba la red y tal como adelantó el Diario de Girona, se había establecido en la población de Vidreres.

Se trata de una organización muy peligrosa formada por ex militares, que aparte de dedicarse al tráfico de todo tipo de drogas duras como la cocaína como la más destacada, están acusados de otros delitos, como crímenes sicarios, robos y cultivo a grande escala de marihuana.
La alerta llegó a la Policía española con un comunicado de la Policía de Eslovenia, donde investigaban el clan por un asesinato y les advirtieron que el líder podría rondar por tierras catalanas.
A partir de ahí le empezaron a investigar y a tirar hilos, hasta dar con el y así empezar a vigilar sus movimientos por la Costa Brava y la Costa Daurada. Miembros de la Unidad de Droga y Crimen Organizado (Udyco) de la policía judicial de la comisaría provincial de Girona han sido los encargados de llevar a cabo la investigación de la cabeza de la banda. Un hombre de 40 años que escogió una urbanización tranquila de Vidreres, la de Puigventós.

Zlatan quería pasar desapercibido haciendo vida de hombre de negocios y contaba con una rutina diaria, lo cual desconcertaba a sus vigilantes durante la investigación. El serbio se levantaba entre las cuatro y las cinco de madrugada cada día y como si fuera un hombre de negocios limpios, y nunca portaba ninguna mercancía si no que se le veía siempre en reuniones sin levantar sospecha.
Vivía en una de sus tres casas con su mujer, y las otras dos las dedicaba para los negocios, todas fuertemente aseguradas, donde en una de ellas tras su detención encontraron kilos de cogollos de marihuana listos para ser enviados a algún lugar, siendo el “modus operandis” cultivar y vender marihuana para extraer rendimiento después con el dinero, compraban la cocaína que distribuían hacia el norte de Europa.
El desconocimiento vecinal tras los interrogatorios, sorprendió a la policía, que trata de un área residencial donde se puede pasar desapercibido ya que hay muchas calles laberínticas. Petrovic buscaba el anonimato y como muchos fugitivos eligen estas áreas residenciales de la Costa Brava porque les dan seguridad. No suele haber mucha presencia policial y esto lo saben y por lo tanto, les permite trabajar sin ser vigilados.