
En los próximos días se completarán los trabajos de desmontaje de la estructura física del peaje de Vilassar de Dalt, y le seguirán los de Arenys de Mar y Santa Susanna, en la C-32, y el de Mollet del Vallés, en la C-33. El desmontaje se hace carril por carril y se elimina tanto la estructura de hormigón que hay sobre el asfalto como la estructura superior del característico color naranja.
La maquinaria pesada ha entrado este lunesen la autopista del Maresme. De los catorce carriles que hay en el tronco central del peaje de Vilassar de Dalt habrá cinco, tres de un extremo y dos de otro, donde el derribo de la estructura se hará de noche para no afectar el tráfico que circula por los carriles laterales. Los otros nueve ya se han empezado a derribar. Una vez terminado el derribo habrá tres carriles por cada sentido de la vía.

Desde que finalizó la concesión de los peajes de diferentes tramos de la AP-7, la AP-2, la C-32 y la C-33 se han creado grandes colas y congestiones que han llegado a superar los diez kilómetros, y el desmontaje de las estructuras facilitará el tráfico en estos tramos. El Departamento de la Vicepresidencia, y de Políticas Digitales y Territorio prevé terminar el desmontaje de las cabinas de los cuatro peajes durante el mes de octubre. Estos trabajos están incluidos en el contrato de mantenimiento de las autopistas, de 8,4 millones de euros.
Tras el final de las concesiones, el Gobierno reclama implementar un sistema de viñeta (pago por uso de las carreteras portando un adhesivo en el cristal del vehículo), es decir, una tarifa plana para circular por todas las carreteras, mientras que el gobierno español plantea un sistema de pago a partir del 2024. También se informó hace unas semanas que los municipios catalanes dejarán de cobrar cerca de 14,4 millones anuales de IBI una vez expirada la concesión la AP-7, la AP-2, la C-32 y la C-33 este 31 de agosto, de acuerdo con las cantidades que Abertis pagó en 2020.