Hay bicicletas pensadas únicamente para desplazarse y otras que empiezan a construirse mucho antes de colocar la primera rueda, cuando alguien imagina algo que todavía no existe. Jorge Sevillano Fernández, vecino de Lloret de Mar, pertenece a este segundo grupo. Desde 2015 dedica buena parte de su tiempo libre a diseñar y fabricar bicicletas artesanales alejadas de los modelos convencionales, una afición que le ha llevado a concentraciones dentro y fuera de España y que acaba de valerle un “Premio a la construcción” en Barcelona.
«Uno de mis pequeños hobbies como creador es fabricar bicis artesanales, bicis fuera de lo normal, fuera de algo realista».
Una afición que nació después de un proyecto frustrado
El camino comenzó con una iniciativa compartida con otras personas que finalmente no pudo seguir adelante por las dificultades surgidas con una importante empresa del sector. Lejos de abandonar su interés por este tipo de bicicletas, Jorge decidió continuar trabajando de manera independiente y empezar a desarrollar sus propias creaciones.
Uno de sus primeros puntos de contacto con otros aficionados fueron las quedadas de Masa Crítica en Barcelona. Allí empezó a conocer a personas interesadas en la personalización y fabricación de bicicletas y, poco a poco, fue entrando en una comunidad con la que acabaría compartiendo encuentros y viajes.
«Cada uno seguimos con nuestras bicicletas. Yo empecé yendo a Barcelona a unas quedadas que se llaman Masa Crítica».
Después llegaron concentraciones en Valencia, Madrid y Logroño, además de diferentes desplazamientos a Francia. Estos encuentros le han permitido observar otros estilos de construcción, intercambiar conocimientos y mantener el contacto con aficionados que comparten una forma muy particular de entender el ciclismo.
Uno de esos encuentros le ha proporcionado ahora uno de los momentos más especiales desde que empezó a construir. Jorge participó recientemente en una cita celebrada en Barcelona dentro del entorno del BAUM Fest, donde coincidieron numerosos aficionados y miembros de la comunidad lowrider.
La jornada estuvo condicionada por algunas dificultades organizativas relacionadas con las alertas meteorológicas, pero terminó con la entrega de los diferentes reconocimientos. Jorge acudió sin esperar ningún premio y acabó escuchando su nombre cuando llegó el turno de distinguir el trabajo de construcción.
«Había mucha gente, muchos amigos y muchas bicicletas. No me lo esperaba».
El reconocimiento valoró el trabajo artesanal y creativo realizado en dos de sus bicicletas, sin que el galardón quedara limitado a una única pieza. Para Jorge, que dedica horas a imaginar soluciones, adaptar componentes y transformar materiales, el premio supone una satisfacción especialmente vinculada al proceso que existe detrás de cada creación.
Bicicletas construidas en casa con paciencia e imaginación
Gran parte del trabajo se realiza en su propia vivienda. Cada bicicleta comienza con una idea diferente y obliga a resolver problemas nuevos a medida que avanza la fabricación. Algunas piezas requieren la ayuda de conocidos o trabajos concretos en talleres, pero el grueso de la construcción lo desarrolla personalmente.
«Son hechas aquí en casa con todo el cariño. Cada una tiene su historia, cada una tiene su fabricación».
El presupuesto disponible condiciona inevitablemente algunos proyectos, aunque también ha terminado formando parte de su manera de trabajar. Buscar alternativas, reutilizar elementos cuando es posible y encontrar soluciones asequibles le permite seguir creando sin necesidad de disponer de grandes recursos.
«Si tuviera más economía, podría hacer creaciones todavía más fuera de lo normal, pero con lo que tengo realmente no me puedo quejar».
Un triciclo eléctrico con suspensión neumática será su próximo desafío
El premio no ha frenado las ganas de experimentar. Su siguiente construcción será un triciclo de estética lowrider con asistencia eléctrica al pedaleo y suspensión neumática, un proyecto técnicamente más ambicioso que los realizados hasta ahora.
La idea contempla incorporar un compresor, un depósito de aire y suspensión regulable tanto en la parte delantera como en la trasera. El objetivo es combinar la estética característica de estas construcciones con un sistema mecánico capaz de modificar el comportamiento y la altura del vehículo.
«Por fin voy a hacer un proyecto con asistencia al pedaleo. Llevará su compresor, su calderín de aire y suspensión neumática delante y detrás».
Jorge quiere tenerlo preparado para presentarlo el próximo año en Barcelona, donde espera regresar con una creación todavía más personal y compleja.
Más de una década creando bicicletas que no se parecen a ninguna otra
Lo que comenzó como una afición ha terminado convirtiéndose en una forma de expresión que combina mecánica, diseño y creatividad. Para Jorge Sevillano, construir una bicicleta significa imaginar primero aquello que quiere conseguir y encontrar después la manera de hacerlo posible con sus propias manos.
Desde Lloret, continúa trabajando en nuevos diseños mientras mantiene el vínculo con una comunidad que le ha permitido viajar, hacer amistades y compartir conocimientos. El reciente reconocimiento conseguido en Barcelona añade ahora un nuevo capítulo a una trayectoria iniciada en 2015 y que todavía tiene muchos proyectos por delante.