
Lloret de Mar vuelve a situarse en el centro del debate sobre el futuro del litoral catalán. La organización ecologista Greenpeace ha incluido tanto la playa de Lloret como la playa de Fenals entre los enclaves más vulnerables de la costa catalana en su informe «Destrucción a Toda Costa 2026», un documento que analiza el impacto de la crisis climática, la presión urbanística y la regresión del litoral a lo largo de los 346 kilómetros de costa de Cataluña. La entidad alerta de que los temporales son cada vez más intensos, que las playas retroceden y que seguir apostando por soluciones basadas únicamente en infraestructuras rígidas supone ignorar una realidad que ya está transformando el litoral.
Lloret, entre los municipios señalados por Greenpeace
El informe concede un protagonismo especial a la Costa Brava y sitúa a Lloret de Mar entre los municipios donde la vulnerabilidad del litoral resulta más evidente. En concreto, Greenpeace identifica como puntos críticos tanto la playa de Lloret como la playa de Fenals, dos de los espacios más emblemáticos del municipio. Junto a ellas también aparecen otros lugares de la provincia de Girona como la playa de Sant Pol, entre Sant Feliu de Guíxols y S’Agaró, el delta de la Tordera en Blanes o la playa de l’Estartit.
Según explica la organización ecologista, estos puntos reflejan cómo la combinación entre el aumento del nivel del mar, los temporales cada vez más frecuentes y la intensa ocupación del litoral está acelerando la pérdida de arena y aumentando la vulnerabilidad de numerosas playas catalanas.
Greenpeace pide asumir la nueva realidad de la costa
La organización asegura que en diferentes puntos de Cataluña continúan produciéndose «ataques a la Ley de Costas» y considera que todavía existen proyectos y decisiones que intentan mantener construcciones en zonas especialmente expuestas al riesgo marítimo. Desde Greenpeace sostienen que «ni el mar ni el cambio climático respetan las excepciones administrativas» y advierten de que seguir defendiendo determinados desarrollos urbanísticos supone ignorar la evolución natural del litoral.
La responsable de la campaña de Adaptación de la Costa de Greenpeace, Elvira Jiménez, afirma que quienes consideran la Ley de Costas una amenaza para los municipios deben entender que el verdadero problema comenzó cuando se creyó que el cemento podía imponerse al oleaje. En su opinión, continuar invirtiendo en mantener una línea de costa que está cambiando de forma acelerada supone retrasar una realidad que ya es evidente.
Diferentes puntos críticos repartidos por toda Cataluña
Además de Lloret de Mar y Fenals, el informe identifica otros muchos puntos vulnerables repartidos por el litoral catalán. Entre ellos figuran el delta de la Tordera, playas de Pineda de Mar, Sant Pol de Mar, Arenys de Mar, Montgat, Gavà, Vilanova, Cubelles, Cunit, Roda de Berà, Tarragona, Salou, Cambrils, l’Ametlla de Mar, el delta del Ebro y Alcanar. Greenpeace sostiene que todos ellos comparten problemas relacionados con la erosión costera, los efectos de los temporales y la presión humana sobre espacios especialmente sensibles.
El informe completo y el mapa interactivo con todos los puntos analizados pueden consultarse a través del siguiente mapa de Greenpeace.
El informe también explica que durante los últimos meses diferentes borrascas han provocado daños importantes en numerosos tramos del litoral catalán. Las actuaciones de reparación han supuesto una inversión de 6,5 millones de euros, incluyendo regeneraciones artificiales de playas mediante aportaciones de arena en lugares como La Pineda, el Delta del Ebro, Altafulla, Empúries o Calafell.
La organización apuesta por soluciones naturales para proteger las playas
Greenpeace considera que las regeneraciones mecánicas de arena tienen un coste elevado y una duración cada vez menor debido a la intensidad de los temporales. Por ello, destaca como ejemplos positivos la aplicación de Soluciones Basadas en la Naturaleza en municipios como Calafell, Vila-seca, Roda de Berà, Salou, Cambrils, Creixell o Torredembarra, donde se está apostando por recuperar sistemas dunares y retirar infraestructuras rígidas para que las propias playas actúen como defensa natural frente al mar.
El documento también advierte de que la crisis climática ya está teniendo consecuencias sobre los ecosistemas marinos. Greenpeace señala el colapso de especies de bivalvos en el Delta del Ebro debido al aumento de la temperatura del agua, así como la reducción del tamaño y de las poblaciones de sardinas y boquerones en el Mediterráneo. Además, algunas especies tradicionales de fondo, como la merluza o el salmonete, están desplazándose hacia aguas más profundas y frías.
La organización concluye que la costa catalana afronta una crisis climática y urbanística con impactos cada vez más visibles y reclama que las administraciones adapten su gestión para garantizar la conservación del litoral en los próximos años.