Columnas | Día Internacional de la Conciencia: “Los Terribles días rojos”

- 5 de abril, Día Internacional de la Conciencia
Queridos lectores:
Hoy no tengo un buen día. Se trata de uno de esos que se alargan eternamente. Un día en el que aun teniendo muchos motivos para sentirme feliz, me siento con el alma rota, desolada. Un día en el que ni el más radiante sol, alumbra mis pasos ni calienta mi alma. Y ni tan siquiera el hermoso mar, ha logrado colmar este inmenso vacío. Uno de esos que es acunado al ocaso para olvidarlo y soñar con el nuevo amanecer.
Y no hablo de un día negro, de esos que te envuelven la tristeza y la desilusión, ¡no! Se trata de algo mucho más aterrador.
Tal como dijo Holly a Paul (Audrey Hepburn a George Peppard en Desayuno con diamantes): Los días rojos son terribles, se tiene miedo y no se sabe por qué.
Tras sentir este horrible temor infundado, esta desesperanza que me abraza despiadadamente, siento el sabor más amargo que existe, el de la decepción. Es un sentimiento devastador que te rompe, provocando un daño irreparable. Una profunda herida, arraigada al alma, que te hace cuestionar las conexiones humanas y hasta tu propia fe en la sociedad, que enfría el amor, separa amistades e incluso amansa al odio.
Lo que aprendes con este dolor, no existe felicidad que lo consiga enseñar.
Me sentiré más Yo cuando camine sin tener que representar el perfecto papel de madre, esposa, amante… En definitiva, cuando pueda vagar por el mundo, sin tener que demostrar nada por el simple hecho de ser mujer. Y seré libre cuando cubra mis necesidades y expectativas, dejando a un lado la de los demás. Cuando sea coherente con mi Yo reivindicativo, peleón y comprometido. Cuando no ponga límites a mi creatividad para emprender nuevas aventuras sin por ello dejar de considerarme una dedicada madre, esposa, amante…
Siento que necesito ser y existir por mí misma, desprenderme de estas cadenas a las que voluntariamente, por comodidad o por evitar conflicto me até o permití que me ataran; un amarre invisible para los demás, que me quema, destruye y anula. Grito decepcionada, porque me corroe las entrañas nuestra pasividad y permisividad ante las injusticias y crueldades que permitimos en el mundo.
Querido lector, ¡qué no daría yo! (como cantaba la grandiosa Rocío Jurado), por volver a disfrutar de mi niñez, regresando a esos lugares que me llevan a revivir la inocencia de una infancia ya muy lejana; y sentir esos olores que me trasladan a lejanos tiempos pasados y añorados; por escuchar de nuevo la voz de mi madre contándome historias de su juventud, dándome sin pretenderlo lecciones de vida…
Entiendo que es apetecible vivir recreando en nuestra imaginación la vida ansiada, viviendo en nuestros más maravillosos sueños… Pero, no tenemos más remedio que darnos un baño de realidad, aceptando las cosas tal y como son, rompiendo en nuestra sociedad con la cómplice indiferencia que tenemos y cuestionando las inmoralidades, este el primer paso hacia una vida más digna y más justa.
Se trata de despertar del adormecimiento en el que nos hallamos y darnos cuenta de esas desigualdades que se ocultan tras las leyes. Tomar conciencia contra los imperios poderosos que avasallan, ocupan y asesinan sin compasión, con crueles e innecesarias guerras por poder y riqueza. De quienes, impotentes y desolados, lloran y entierran a sus seres queridos que el poderoso vilmente asesinó; de la deshumanización de etiquetar como ilegales a otras personas; de esas mujeres obligadas a cubrirse, sin derechos básicos como la educación, el trabajo, la libertad de movimiento; de esas mujeres obligadas a matrimonios infantiles. Percatarnos del indecente número que hay de mujeres maltratadas, violadas y asesinadas. Comprender nuestra obligación de proteger a la indefensa infancia de cualquier forma de violencia y abuso. Debemos concienciarnos para no normalizar esas injusticias cotidianas que ocurren en el mundo a diario y que van endureciendo nuestro corazón.
Sin conciencia y compromiso, somos cómplices de un mundo que lamentablemente se está deshumanizando por omisión, en el que las reglas sobran y las desigualdades crecen, priorizando egoístamente el interés económico de unos pocos, sin anteponer los derechos humanos de los demás.
Tener y fomentar un compromiso activo para revertir la situación, nos convierte en arquitectos de un futuro donde la igualdad no es solo un ideal, sino una realidad. Entonces descubriremos que cada acción, cada decisión, puede ser un acto de amor y justicia.
El Día Internacional de la Conciencia, según Wikipedia, es una jornada internacional de concienciación que se celebra anualmente el 5 de abril desde 2020, establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 25 de julio de 2019. Este día enfatiza la necesidad de promover una cultura de paz basada en justicia, democracia, solidaridad y respeto por los derechos humanos, reconociendo la dignidad, libertad e igualdad intrínsecas a todos los seres humanos.
“Puede ser que seamos títeres, títeres controlados por las cuerdas de la sociedad. Pero al menos somos títeres con percepción, con conciencia. Y tal vez nuestra conciencia es el primer paso para nuestra liberación.”



