Ha pasado un año desde la desaparición y posterior muerte de Josh Rogers, el británico de 33 años cuyo cuerpo fue localizado en una zona boscosa de Roca Grossa tras perderse su rastro en Lloret de Mar. Su familia considera que todavía quedan aspectos de aquellas últimas horas sin una explicación suficientemente clara y trabaja ahora para impulsar nuevas actuaciones legales y periciales. Para poder asumir los gastos derivados de ese proceso ha puesto en marcha una campaña de recaudación de fondos.
Josh desapareció el 20 de septiembre de 2025 después de abandonar el hotel Blue Sea Montevista Hawai, donde se alojaba durante su estancia en la localidad. La documentación recopilada por su entorno pone el foco en varios elementos que considera pendientes de profundizar, entre ellos sus limitaciones físicas, las comunicaciones mantenidas antes de desaparecer, el paradero de algunas pertenencias y las circunstancias del lugar donde fue encontrado.
Josh padecía Charcot-Marie-Tooth, una enfermedad neurológica hereditaria que puede afectar a la fuerza muscular, el equilibrio y la movilidad de los pies. Su familia sostiene que en su caso la afectación era importante y quiere que un especialista valore de manera concreta qué capacidad física tenía para desplazarse sin ayuda desde el hotel hasta Roca Grossa.
Según la documentación preparada por sus allegados, el recorrido tendría aproximadamente 1,3 kilómetros e incluiría pendientes y zonas de terreno irregular. La petición familiar pasa por obtener una valoración médico-forense independiente que tenga en cuenta el grado específico de la enfermedad que presentaba Josh, en lugar de basarse únicamente en las características generales del trastorno.
La cronología reunida por la familia sitúa a Josh saliendo del establecimiento hotelero alrededor de las 12.23 horas. Poco después envió a su entorno un mensaje en inglés en el que decía «Mate, I’ve fed up good and proper», una expresión que podría interpretarse aproximadamente como «la he liado de verdad». El contenido, por sí solo, no permite determinar qué había ocurrido ni a qué situación hacía referencia.
Los registros telefónicos recogidos en la documentación apuntarían también a contactos con un conductor de transporte privado y con un segundo número español cuya identidad la familia quiere aclarar. Entre las diligencias que pretende promover figura identificar al titular de esa línea y reconstruir las comunicaciones mantenidas durante las horas previas a la desaparición.
El teléfono y otras pertenencias que nunca aparecieron
Otro de los puntos que el entorno de Josh considera relevante es el destino de algunos efectos personales. Según la información recopilada por la familia, no fueron recuperados su teléfono móvil, su tarjeta bancaria ni determinadas cantidades de dinero que llevaría consigo.
El terminal tiene especial importancia para sus allegados por la información que podría aportar sobre sus movimientos. La familia asegura que después de la muerte se detectaron indicios de actividad relacionados con el dispositivo y sostiene que en algún momento habría vuelto a dar señal y que un mensaje enviado mediante WhatsApp apareció posteriormente como leído. Estas circunstancias necesitan una comprobación técnica independiente y no permiten por sí mismas establecer quién utilizó el teléfono ni en qué condiciones.
Entre las actuaciones planteadas se encuentra solicitar información vinculada al IMEI y otros registros de telecomunicaciones que, si están disponibles y son autorizados por las autoridades competentes, podrían ayudar a determinar cuándo y desde dónde volvió a conectarse el terminal. Ante la proximidad del primer aniversario, la familia preparó además una petición orientada a preservar aquellos datos que pudieran resultar relevantes antes de que dejaran de conservarse.
Las dudas sobre el lugar donde apareció el cuerpo
La documentación familiar incorpora también el testimonio de un vecino de Roca Grossa que asegura haber observado el cuerpo en dos posiciones diferentes dentro de la zona boscosa durante el día del hallazgo. Los allegados de Josh quieren que esa declaración se contraste formalmente con las fotografías originales tomadas en el lugar y con la documentación forense disponible.
La familia cuestiona una explicación que habría recibido sobre la posibilidad de que animales hubieran provocado algún desplazamiento y solicita que esta circunstancia sea examinada mediante criterios periciales. El testimonio no demuestra que terceras personas movieran el cuerpo y precisamente lo que se pretende determinar es si existió algún desplazamiento y, en caso de confirmarse, cuál pudo ser su causa.
Dentro de esa revisión también se plantea acceder a las imágenes forenses originales para estudiar determinadas marcas y lesiones observadas en las extremidades inferiores. La finalidad es reconstruir con mayor precisión lo ocurrido desde el momento en que Josh dejó el hotel hasta su localización posterior.
Una campaña para afrontar los gastos legales
Las posibles actuaciones que la familia quiere impulsar incluyen la revisión de cámaras del entorno del hotel, datos telefónicos, posibles registros de transporte, nuevas declaraciones y otras diligencias que puedan contribuir a completar la cronología. También plantea solicitar información de antenas de telefonía de la zona de Roca Grossa, una medida cuya viabilidad dependerá de las autorizaciones judiciales correspondientes.
Para afrontar los costes de asistencia jurídica relacionados con estas gestiones, el entorno de Josh mantiene abierta en GoFundMe la campaña «Please help our family get justice for Josh Rogers», que puede traducirse como «Ayuda a nuestra familia a conseguir justicia para Josh Rogers». La expresión forma parte del título escogido por sus allegados y refleja su posición sobre el caso, pero no implica que se haya determinado judicialmente la existencia de un delito.
La familia insiste en que sus interrogantes no constituyen por sí mismos una prueba de intervención criminal. Lo que busca es obtener nuevas valoraciones y acceder a información que permita reconstruir con mayor detalle unas horas sobre las que, un año después, considera que todavía quedan cuestiones por resolver.