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Columnas | 4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer: “Actitudes humanas ante la enfermedad”

  • El Día Mundial contra el Cáncer es una jornada conmemorativa que se celebra anualmente el 4 de febrero para concienciar sobre el cáncer y fomentar su prevención, detección y tratamiento. Hoy con esta Columna de Ángel Prats, vemos una mirada más amplia sobre esta enfermedad.

Los Creyentes ante la dualidad de la fe

Para algunos pacientes, la fe es su mayor fuente de fortaleza. Ven el cáncer como una prueba, nunca como un castigo, y su relación con Dios les da un profundo sentido de esperanza para afrontar la enfermedad. Su coraje viene de la convicción de que este sufrimiento no es el final, sino un paso hacia la eternidad. Esto les permite vivir cada día con cierta paz y alegría.

Sin embargo, para otros, el cáncer es una crisis de fe. ¿Cómo es posible que una persona que ha vivido con dignidad y rectitud se enfrente a algo así? En la soledad de la enfermedad, las oraciones pueden sentirse vacías y la fe, perdida. Esta crisis no solo afecta al paciente, sino que a menudo contagia a toda la familia, que entra en una profunda depresión colectiva al ver que la fuente de su esperanza se desvanece.

Cuando la fe se apaga, la necesidad de trascender permanece. El ser humano necesita dejar una huella. Cuando una vida ya no se siente anclada en la fe, la persona necesita un nuevo propósito. Es en ese momento cuando puede encontrar sentido al compartir su visión del mundo, su sabiduría y su forma de vida. Este acto de seguir vivo en los demás, de dejar un legado que vaya más allá del cuerpo, le puede dar una energía extra, su mente encuentra otro objetivo y en cierto modo deja atrás el abatimiento.

Los Positivos obligados

Nuestra sociedad está obsesionada con la positividad, el optimismo extremo y la felicidad obligatoria. Se exige a las personas que sonrían, que “luchen con ánimo”, que mantengan la actitud correcta, incluso en las peores circunstancias. El sufrimiento, la debilidad y la muerte se vuelven invisibles. Este exceso de positividad es una forma de violencia silenciosa que a menudo alivia más a los demás (familiares, amigos, sanitarios) que al propio paciente.

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En un mundo que te presiona para que seas fuerte, lo que necesitas es espacio para sentir tu dolor y tu miedo sin ser juzgado. La vulnerabilidad merece respeto.

La positividad obligatoria es una opción peligrosa. No puedes prescindir de la negatividad, que es una herramienta fundamental. La negatividad no es algo que se tenga que corregir, al contrario, se ha de usar. Te mantendrá en alerta, te hará más fácil detectar cualquier error o cambio durante tu tratamiento y te impedirá caer en la trampa de pensar positivo: “no será nada”.

Pensar en positivo y en negativo no son actitudes enemigas; son complementarias. La positividad te impulsa a avanzar, la negatividad te mantiene alerta. Sin uno, el otro se vuelve ciego.

Los Renacidos, de la ficción a la verdad

El escritor Jorge Volpi dice que “somos una ficción de nuestro cerebro”, un personaje que construimos dentro de la coraza del carácter. Nos esforzamos en crear una imagen que nos cuida y nos da un lugar en el mundo.

Cuando una persona recibe el diagnóstico de cáncer, siente que esa vida se desmorona y empieza a darle vueltas a todo. En ese momento, muere. Pero solo para renacer.

Lo que muere es el personaje al que se refiere Jorge Volpi, el intruso con carácter. Lo que renace, eres tú. Ya no necesitas las corazas, ni las construcciones sociales que eran tan importantes para el personaje.

Las personas “normales” necesitan enmascarar la muerte y relegarla al fondo de la mente. No se trata de negarla del todo, sino de mantenerla lo suficientemente difusa para que no bloquee la acción y la vida cotidiana.

El paciente que vive en la verdad, ya no es una persona “normal”. La muerte ya no es algo lejano, borroso… Ahora tiene a la muerte en frente, cara a cara. Vives una verdad que pocos descubren: Nadie te va a salvar, no hay un personaje inventado que te proteja. Estás solo… temblando… pero liberado.

Con esa verdad, la única opción es sobrevivir: ¡Espabila, porque si no desapareces! Esta nueva forma de vida es una lucha solitaria. No necesitas que te ayuden, lo estropearán. El objetivo es que te traten normal, sin un recordatorio constante de tu enfermedad. Tú aceptas tu nueva realidad y tú escribes tu destino.

Ahora vives en “la verdad” y solo tú tienes el control. Da igual si te falta el aire o si el cuerpo te tiembla, de cara al exterior: siempre bien. Si los tuyos creen que estás bien, no sufrirán, estarán bien, y tú serás feliz. Es un acto de amor: vivir tu verdad sin imponerla a los demás.

La Muerte

La idea que muchos tienen de la muerte no ayuda al paciente. El cine y la literatura nos la presentan como algo que viene de fuera a buscarte. Un espectro con guadaña, o un ser con apariencia humana con el que negociar, como en la película ¿Conoces a Joe Black?.

Pero la muerte no es un ser que viene a buscarte, ni un alma negativa que te va rondando por el interior. La muerte es una vieja conocida, una compañera de viaje silenciosa que, de hecho, le da sentido a nuestra vida. Siempre ha estado en ti, en tu interior, en tu propia biología.

La muerte es, simplemente, un límite que marca tu cuerpo. Y un límite no es algo definitivo, no es un final absoluto. Un límite es una frontera, y las fronteras invitan a ser exploradas, desafiadas o incluso traspasadas. Los límites no son inamovibles y se pueden desplazar. Varios tratamientos pueden fallar, pero mañana te ofrecen un ensayo nuevo… y parece que funciona. La frontera ha cambiado su localización, hay mucho más espacio para moverte.

Aceptar la muerte como parte de ti no significa rendirse, sino reconocer que los límites existen para poder empujarlos. Esa conciencia no apaga la esperanza: la enciende. Permite vivir con intensidad cada posibilidad, aprovechar cada oportunidad que amplíe el horizonte. La frontera se mueve, y mientras se mueve, la vida sigue.

________La imagen:

La imagen propuesta para ilustrar esta publicación es el cuadro de Van Gogh Trigal con cuervos. En él, el pintor trazó un camino luminoso y dorado que, sin embargo, no lleva a ninguna parte. Podemos seguir el vuelo de los cuervos, aves que la literatura sitúa entre dos mundos, y que se dirigen hacia las tinieblas. Esta imagen, aunque universal, refleja con fuerza la esencia de lo que he querido transmitir: la confrontación con la verdad, la incertidumbre del camino y el valor necesario para seguir adelante, incluso cuando el destino es incierto.

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